Viento del este, viento del oeste
East wind, west wind
Pearl S. Buck, 1930
Viento del este, viento del oeste fue la primera novela de Pearl S. Buck y también la puerta de entrada de muchos lectores occidentales a la vida cotidiana de la China tradicional. Publicado en 1930, el libro se sitúa en un momento clave de transición: los últimos años del imperio y el inicio de una lenta, conflictiva apertura hacia ideas traídas de fuera. En ese contexto, la autora opta por una historia íntima, narrada desde el interior de una familia, donde los cambios históricos se filtran a través del matrimonio, el cuerpo y las relaciones entre padres e hijos.
¿De qué va?
Ambientada en la China de principios del siglo XX, la novela está narrada en primera persona por Kwei‑Lan, una joven educada dentro de las estrictas normas de la tradición. Desde antes de su nacimiento, sus padres han concertado su matrimonio con un médico al que nunca ha visto y al que deberá aceptar según las costumbres de la época.
La narración sigue la evolución de esa relación conyugal, marcada al inicio por la distancia y la incomprensión. Poco a poco, Kwei‑Lan descubre que su marido sostiene ideas sorprendentemente modernas: no desea vivir bajo el mismo techo que los padres, rechaza el vendaje de los pies y cree en una relación más igualitaria entre marido y mujer.
Al mismo tiempo, el hermano menor de Kwei‑Lan regresa de Estados Unidos habiéndose casado con una mujer extranjera, en abierta oposición a los deseos de sus padres, que ya le habían elegido una esposa china. Este regreso provoca un conflicto generacional y cultural que hace tambalear las jerarquías familiares y expone la tensión entre tradición y cambio.
Por qué leerlo
Es una buena forma de acercarse a la vida en China a principios del siglo XX, donde tradiciones como los matrimonios acordados o el vendaje de los pies en las mujeres, así como valores como el respeto a los padres o la desconfianza total hacia los extranjeros estaban en su máximo esplendor. Aunque se trata de una escritora estadounidense, sus más de 30 años viviendo en China hacen que la mentalidad y las convenciones sociales de la época están muy bien reflejadas.
Saber más sobre el libro
Pearl S. Buck nació en Estados Unidos, pero se trasladó a China cuando apenas tenía cinco meses de vida. Allí pasó gran parte de su infancia y adultez, y el país se convirtió en el principal escenario de su obra literaria. Entre sus novelas más conocidas se encuentra La buena tierra (1931), con la que ganó el Premio Pulitzer.
En 1938 recibió el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en la primera mujer estadounidense en obtenerlo. Por entonces ya había regresado a su país natal, con la intención de volver algún día a China. Sin embargo, tras la proclamación de la República Popular China en 1949, nunca se le permitió regresar, ni siquiera después de la reanudación de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y China en la década de 1970.
A pesar de su relevancia internacional, su figura quedó relegada durante décadas en la China continental por razones políticas, y su obra circuló principalmente en Taiwán, Hong Kong y Occidente.
Pearl S. Buck recibiendo el premio Nobel de Literatura
Para conocer más
La historia de Viento del este, viento del oeste se sitúa en un periodo de profunda transformación para China. Tras la caída del imperio en 1911, el país entró en una etapa incierta marcada por intentos de modernización, conflictos internos y una creciente influencia occidental, especialmente en las élites urbanas.
Las tensiones que atraviesan el libro entre padres e hijos, entre matrimonio tradicional y elección personal, entre cuerpo disciplinado y cuerpo libre, reflejan debates reales que recorrieron la sociedad china de principios del siglo XX. Prácticas como el vendaje de pies, abolido oficialmente en 1912 pero todavía frecuente durante décadas, se convirtieron en símbolos del choque entre tradición y modernidad.
La posición de Pearl S. Buck es singular: escribe sobre China desde dentro, pero también desde una distancia cultural inevitable. Esto ha generado debates sobre si su mirada pertenece a la literatura china o a una tradición occidental sobre Oriente. Aun así, su obra sigue siendo una referencia para entender cómo se percibió la transición china en el mundo anglosajón.
Desde 1949, tras la victoria comunista y la proclamación de la República Popular China por Mao Zedong, Estados Unidos rompió relaciones con el nuevo régimen y reconoció únicamente al gobierno nacionalista refugiado en Taiwán, que se autoproclamó República de China tras perder la guerra civil. Durante décadas, Pekín consideró a Estados Unidos un país enemigo, una hostilidad que no empezó a suavizarse hasta el giro diplomático simbolizado por la visita de Richard Nixon a China en 1972.
Hasta bien entrada la década de 1970, Taiwán ocupó el asiento de China en los principales organismos internacionales. Sin embargo, a lo largo de esos años fue perdiendo progresivamente su reconocimiento diplomático. La República Popular China asumió el asiento chino en Naciones Unidas y, como condición para establecer relaciones diplomáticas, exigió a terceros países que rompieran cualquier vínculo oficial con Taiwán.
En 2017, menos de una veintena de países reconocían a Taiwán como Estado, frente a los más de 170 que mantenían relaciones diplomáticas con la República Popular China. Entre los llamados “aliados de Taiwán” figuraban principalmente países de Centroamérica y el Caribe, junto con algunos Estados africanos y oceánicos, Paraguay en América del Sur y el Vaticano como único país europeo.