Ópera, identidad y tragedia
Adiós a mi concubina | Chen Kaige, 1993
霸王别姬 Bàwáng Bié Jī
A través de la vida de dos actores de la Ópera de Pekín, Chen Kaige construye un relato íntimo y devastador sobre el arte, la lealtad, la identidad y la violencia de la historia.
¿De qué va?
Adiós a mi concubina es una de las grandes obras del cine chino contemporáneo. Basada en la novela homónima de Lilian Lee, la película recorre la historia política y cultural de China desde 1923, la época de los señores de la guerra, hasta la década de 1970, a través de la vida de dos actores de la Ópera de Pekín cuya relación queda marcada por la lealtad, el arte y los cambios turbulentos del país.
Más que un drama histórico, la película es un retrato íntimo de cómo el arte puede ser refugio y condena al mismo tiempo. La amistad y rivalidad entre Cheng Dieyi y Duan Xiaolou se entrelaza con la ópera que da título a la película, creando un paralelismo entre la tragedia escénica y la vida real que ha llevado a la crítica a considerarla una de las obras clave de la llamada Quinta Generación del cine chino.
Por qué verla
Adiós a mi concubina es una película clave para entender la Quinta Generación del cine chino y el momento en que el cine del país se abrió definitivamente al mundo. En 1993, Chen Kaige se convirtió en el primer director chino en ganar la Palma de Oro en Cannes, un hito que consolidó el reconocimiento internacional del cine chino moderno. (Eso sí, Zhang Yimou ya había ganado el Oso de Oro del festival de Berlín con Sorgo rojo y varios reconocimientos en el festival de Venecia con Qiu Ju y La linterna roja)
La película combina relatos íntimos con los grandes acontecimientos del siglo XX en China, mostrando cómo las convulsiones políticas afectan a las vidas individuales. Desde la época de los señores de la guerra, la invasión japonesa, la fundación de la República Popular hasta la Revolución Cultural, todas estas épocas tienen su reflejo en la historia de los protagonistas.
También hay que destacar el gran protagonismo de la estética visual de Chen Kaige: el director es conocido por su sello estético y su narrativa de gran escala, rasgos que aquí se traducen en una puesta en escena refinada y profundamente simbólica.
Además de los temas universales de amor, identidad, sacrificio y memoria, es una ventana privilegiada a la Ópera de Pekín, ya que muestra la disciplina, los códigos y la tradición de este arte escénico, tan relevante en la cultura china.
Los tres protagonistas de la película.
Saber más sobre la película
El estreno de Adiós a mi concubina en 1993 coincidió con un momento de creciente interés global por el cine chino. La Quinta Generación, un grupo de cineastas surgido tras la Revolución Cultural, buscaba contar historias de gran alcance histórico y estético, y la película se convirtió en uno de sus mayores exponentes, pese a que fue retirada rápidamente tras su estreno y reestrenada en una versión más corta antes de volver a retirarse. Fue presentada por Hong Kong a los Oscars, consiguiendo estar nominada a Mejor película extranjera, premio que perdió en favor de la española Belle Epoque (Fernando Trueba, 1993).
Chen Kaige nació en Pekín en 1952 en una familia vinculada al cine. Durante la Revolución Cultural se unió a los Guardias Rojos y posteriormente fue enviado al campo y al ejército, experiencias que marcaron profundamente su visión crítica del poder y la historia.
Debutó con fuerza en 1984 con Tierra amarilla, una de las películas fundacionales de la Quinta Generación. La fotografía de aquel film fue responsabilidad de Zhang Yimou, compañero de promoción en la Academia de Cine de Pekín, que posteriormente se convertiría en otro de los grandes nombres del cine chino contemporáneo.
Para conocer más
La historia que inspira la película procede de una célebre ópera tradicional basada en el episodio final de un rey, quien, derrotado, se despide de su concubina antes de la caída definitiva. Este tipo de relatos heroicos y trágicos forma parte del repertorio clásico que ha nutrido durante siglos el imaginario teatral chino.
La Ópera de Pekín (o jingxi) es un arte escénico altamente codificado, donde cada rol responde a categorías específicas: sheng (masculinos), dan (femeninos), jing (rostro pintado) y chou (cómico). Los colores del maquillaje indican rasgos morales (rojo para la lealtad o negro para la valentía) y ayudan al público a reconocer la naturaleza del personaje.
Entre las figuras históricas destaca Mei Lanfang, maestro que revolucionó los papeles femeninos y dio forma moderna a este teatro. En este vídeo podéis ver un reportaje sobre su figura y los preparativos de los actores para una representación:
El repertorio sigue vivo hoy con obras y personajes populares como el Rey Mono (célebre por su agilidad y carisma) o la heroína guerrera Mu Guiying, ejemplo del papel femenino marcial (daomadan). Estas representaciones muestran la continuidad de una tradición que, lejos de ser un vestigio del pasado, sigue reinventándose sobre los escenarios contemporáneos.
El 16 de noviembre de 2010, la Unesco declaró la ópera de Pekín como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.